27/5/2026
«La democracia y sus valores, muchos de ellos proverbiales, no se suscriben a un mundo que ya desapareció, simplemente porque no hay construcción social que se precie de serlo en la que sus rastros se olviden y hablar de ellos sea cosa, con velocidad, de un pasado lejano. Lo que tenemos es una serie de valores democráticos, con valor probado en el tiempo, perfectibles y en constante evolución, que actúan bajo la forma de un estado de exilio. Hay exilios que se olvidan de su origen, otros que suponen difícil volver; están los inmersos en el lamento –aquí entrarían quienes piensan que la situación actual del derecho internacional, del estado de Derecho, de las instituciones, etcétera, llegaron a una condición terminal–, los menos útiles en sentido democrático. Otros, como todos los de su tipo, invariablemente construirán una nueva identidad propia y convergerán eventualmente con otras modificaciones sociales y políticas. La democracia y el liberalismo parten de dicha mutabilidad.»
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