1/12/2019

«Creamos islas donde debimos hacer un país. Islas de convencimientos individuales y no públicos, porque lo público obliga a compartir con el contrario y optamos por la selva. Nuestra vida pública no es la panacea perdida de la transición democrática. Es el legado de una estructura indispuesta a cambiar, pero sorda por gritos de cambio que repiten cofradías renovadas. Son los acuerdos sórdidos, la relativización de la ley en beneficio de miradas al espejo donde todo político se ve atractivo. Seguimos habitando el síndrome de Blanca Nieves.»

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